Hola
La vieja silla de ruedas

Por ahí del segundo semestre de 2019, o quizá antes. No tengo la fecha exacta en la mente, pero sé que por esa época fue cuando este accesorio comenzó a viajar con nosotros a todas partes. Mamá enfermó, comenzó su declive y, para poder llevarla al médico, a sus radioterapias y, en general, a cualquier lugar que fuera necesario, siempre estaba presente la silla.

Aunque ya tenía algún tiempo en la familia, pues la silla fue comprada por papá cuando mi abuela enfermó y fue ella quien la usó primero, se volvió parte de nuestro andar diario a partir de que mamá la necesitó. Siempre era indispensable que estuviera en la cajuela del auto, viajando a todas partes para que mamá nos pudiera acompañar y, claro, para que pudiera asistir a sus consultas médicas.

Vino la pandemia, todos la recordamos, y aunque salíamos poco a la calle, cuando era necesario, la silla nos acompañaba para llevar a mamá. Y cuando ya no podíamos salir, la silla estaba estacionada a la puerta de la casa, lista para cumplir su misión y llevar a su pasajera a donde fuera necesario.

Hasta el día en que mamá se fue.

Ya no era necesario llevarla a ningún lado. Sin embargo, la silla se quedó ahí, estacionada, esperando. Ella sabía que no pasaría mucho tiempo para tener un pasajero más.

Papá enfermó, el mismo año que mamá se fue. Vino la hospitalización y la diálisis. Ahora era una tarea de cada día tener que hacer diálisis peritoneal a “Superman”, como le decíamos a él. Así que la silla volvió a hacer su labor: llevar a papá a todas partes, acompañarlo siempre como un pasajero más en cada auto que lo llevara a él, día con día.

La silla fue al doctor, claro, a cada consulta y análisis que había que hacerle a papá, pero también iba a cada reunión familiar, a las plazas comerciales, a hacer la despensa, al cine. Incluso se fue de vacaciones a Acapulco y Aguascalientes, a conocer a los nuevos miembros de la familia, a quienes papá quiso con el corazón. Y siempre, siempre estaba presente en la cajuela.

En esas travesías sufrió algunas fracturas. Hubo que cambiar las llantas un par de veces, uno de sus descansapiés ya se va de lado y los frenos se llegan a atorar un poco. El desgaste del asiento y el respaldo es notable, y los tubos comienzan a oxidarse. Justo apenas se compró su impermeable para que no sufriera las inclemencias del clima lluvioso y pudiera así seguir acompañando a papá.

Hace una semana, “Superman” partió… se reunió con mamá en el campo del reposo y de la dicha, después de más de un mes de agonía.

Hoy, la vieja silla de ruedas que acompañó a mi abuela, a mamá y a papá descansa. Ya no es pasajera en nuestros autos. Ya no va a las plazas, a hacer la despensa, al cine o de vacaciones. También ella cumplió con su misión. Le dio alegría a esos paseos, principalmente a papá.

La silla nos enseñó a atornillar algunas tuercas, a estacionarnos responsablemente en los lugares especiales, pero principalmente nos enseñó a estar siempre presentes y a cuidar a las personas que amamos.

Nunca se dio por vencida. Siempre cumplió con su labor, incondicionalmente.

Y sí, aunque es un objeto de ayuda, claro que hay un cariño. Porque fue la extensión de nuestros brazos para sostener y mover a nuestros padres.

¡Gracias! vieja silla de ruedas.

El Marinero

Cuando tenía como 10 o 12 años, no estoy seguro pero era en ese rango de edad, mi papá tuvo la idea de llevarnos al plan vacacional para trabajadores del seguro social, era como en estás fechas, temporada de verano, vacaciones y claro la idea era que tuviéramos mi hermano y yo otras actividades y no quedarnos durmiendo en casa.

Mi papá entraba a trabajar muy temprano, a las 7 de la mañana tenía que checar su entrada en la planta de lavado del norte, sobre eje central, ahí donde se lava y esteriliza toda la ropa que usan en clínicas y hospitales del imss, así que en ese periodo de “vacaciones”, nos levantaba más temprano para que saliéramos con él y  pudiera llegar a tiempo a su trabajo, no tener retardo y alcanzar su bono de puntualidad.

Cuando ya había checado su entrada,i hermano y yo lo acompañamos al vestidor, el se ponía su ropa de trabajo y nos llevaba al comedor de la planta a desayunar, no recuerdo el desayuno exactamente Pero si una concha de chocolate con leche que yo me comía. Después de eso, abordamos la unidad que llevaba ropa limpia al hospital de traumatología en Magdalena de las salinas, a un costado de la avenida politécnico. 

Cabe destacar que mi hermano y yo íbamos de polizontes en la unidad, pues solo debería de llevar a los trabajadores del imss que era el chofer y dos más, uno de ellos mi papá.

En aquel entonces todos los trabajadores de la planta conocían a mi papá como “El marinero”, incluso su casillero tenía pintada un ancla ⚓ para reconocerlo, así que gracias a esa empatía y compañerismo, nadie nos decía nada por infiltrar nos en el camión de reparto, aunque en realidad la distancia de la planta de lavado al hospital de trauma es casi de un kilómetro o menos, cuestión de atravesar eje central.

Después de entrar por la parte trasera del hospital, la tarea era descargar los bultos de ropa limpia e intercambiarlos por los de ropa sucia, que obviamente irían a la planta de lavado, pero esa labor se la s encargaba mi papá a sus compañeros y ellos chistando o no, lo hacían. Mientras tanto nosotros recorríamos  de la mano de papá los pasillos del hospital por dentro, como si fuera un laberinto. “¡Marinero!”, le gritaban los compañeros al verlo pasar, intendentes, camilleros, enfermeras, doctores, todos los reconocían y el claro saludaba a todos y con todos bromeaba.

Mientras cruzábamos mi papá nos explicaba, “está es el área de quirófanos”; “aquí están los que llegan quemados”; “Acá hay muchos huesos rotos”, etc .  También nos contaba cuando construyeron el edificio y decía que él había subido al techo a ver cómo instalaban la luz, el agua, y que había conocido el edificio en su obra negra antes de que los médicos y pacientes llegaran a hacer uso de él.

Después de recorrer el edificio, cruzábamos Av. Politécnico para llegar al deportivo Benito Juárez dónde se llevaba a cabo el famoso “Plan Vacacional” y salíamos de el a las 3 de la tarde, mi papá regresaba un poco más tarde por nosotros, como 3:30 porque el salía justo a las 3 y checaba su salida, así que el tiempo que le llevaba desplazarse de la planta al deportivo era ese extra. No sé si se iba también en otro viaje de la planta al hospital de traumatología o si usaba otro método para llegar, pero supongo que si usaba uno de los viajes que de ahí salían.

Justo hoy en estos días estamos nuevamente en este hospital, nuevamente sosteniendo la mano de papá, pero está vez, no podemos cruzar esos pasillos, no hay nadie que le grite “¡Marinero!”, y no nos cuenta a dónde lleva cada puerta y pasillo que vemos.

Hoy mi papá está siendo fuerte como siempre lo ha sido, para salir de una cirugía de cadera que le dejo una caída. El sistema del imss no es el mejor, tiene muchas deficiencias y carencias, Pero de alguna manera, no puedo explicar como ni porque, nos han aparecido ángeles para que mi papá esté bien atendido, los médicos han sido empáticos, nos han atendido bien, nos han ayudado a qué mi papá esté en el área correcta, y que después de unos días, pocos en realidad, tengamos un panorama alentador y esperamos en este momento que mi papá pueda ser operado y salga adelante de este mal paso.

Solo puedo decir que aunque no estén sus compañeros de aquellos días, aunque los pasillos haya cambiado, aunque hay nuevas tecnología (no mucha en el imss claro), Pero de alguna manera el edificio del hospital si ha reconocido a “El Marinero”, y ha contribuido a qué su pase y su recuperación se pronta, su estabilización se ha dado mejor de lo que esperábamos y pronto estará en cirugía para su operación. Estoy completamente seguro que saldrá muy bien de su intervención quirúrgica, pedimos por qué Dios guíe la mano de los cirujanos y doctores para que sea lo mejor posible, Pero, aún así, estoy seguro que el hospital, por si mismo, hará lo suyo para cuidar a su “Marinero” y que pronto se recupere para seguir juntos a nosotros recordando más eventos como este.